Es un segundo después
de lo peor que puede pasar.
Ese momento en que dejas de estar
y yo
me empiezo a morir contigo.
Porque hace tanto
que amanecer no tiene gracia
que respirar
parece un exceso.
Me da tanta pena
que haya gente todavía viva
y vos no.
Tantos que no se merecen
esa bocanada de aire
que acaban de tomar,
ese sorbo de vida
que solo saben desperdiciar,
cuando hay tantos que quieren vivir.
Otros vivos
estamos muertos.
Y yo hubiera dado mi vida
por vos.
Le ofrecí el cambio
y no lo quiso.
Hablé al número equivocado.
O es mi alma
que no pesa nada
al lado de la tuya.
Tanto amor.
Tanto cariño para dar.
Tanta vida por vivir.
Pensar qué, de tanta injusticia,
no hay silencio detrás
ni latido después.
Solo un agujero en la tierra.
Un árbol abrazando el viento
que guarda en sus raíces tus cenizas.
Lo que todos seremos:
polvo algún día.
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